LA CONFIANZA

Quienes hemos vivido en un mundo relativamente confortable hemos tenido también una vida relativamente previsible: Inmersos en el mundo laboral sabíamos que, a cambio de realizar nuestro trabajo de la mejor manera posible y cumplir los objetivos, el papá empresario, el papá estado o similar, nos iba a dar a cambio una estabilidad económica y social.

No necesitábamos preocuparnos por nuestra subsistencia. Desde una visión superficial, puede parecer que todo son ventajas en una situación semejante a la descrita; sin embargo no es así. Hemos perdido la capacidad de ejercitar la confianza.


Con la comodidad de saber que teníamos asegurada nuestra supervivencia y la de nuestros hijos; con la comodidad que supone llegar a casa y encontrar todo aquello que deseamos; con la posibilidad de viajar, salir, entrar y hacer todo aquello que pudiéramos querer, el ejercicio gimnástico de confiar se ha ido aparcando en algún rincón oscuro y ya no confiamos en que el Padre siempre está a punto para ayudarnos en aquello que le pidamos.

¡Claro! Como creemos que no necesitamos, tampoco pedimos.

No hemos ejercitado la confianza ni la humildad y ahora, que las cosas han cambiado y que, según nos cuentan, la crisis ha llegado, estamos como pajarillos indefensos, asustados por la situación que podría afectar incluso a nuestra supervivencia.Y es, en este preciso instante, cuando, las palabras del Maestro Jesús de Nazaret, cobran protagonismo.

“¿No se venden dos pajarillos por un as? Pues bien, ni uno de ellos caerá en tierra sin el consentimiento del Padre. En cuanto a vosotros, hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis, pues; valéis más que muchos pajarillos.” (Mt 10, 29-31)

Ya que muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de confiar abiertamente en el Padre y de echarnos a volar sin miedo a rompernos la crisma, el Maestro nos anima recordándonos la importancia que cada uno de nosotros tiene para nuestro Padre Creador. Nada ocurre por casualidad. Todo tiene su razón de existir. Todos somos instrumentos para que se cumpla la Voluntad del Padre, que, por otra parte, se cumple indefectiblemente siempre.

Cuando algo nos “toca”, la única opción posible, si queremos seguir evolucionando, es decir desde el punto más amoroso de nuestro corazón, un “hágase tu voluntad”, como el Maestro mismo nos enseñó. Ni siquiera habría de ser necesario utilizar el don del libre albedrío.

Si al echarnos a volar, con la confianza puesta en el Padre, nos rompemos la crisma, es que esa “especie de desgracia” entraba dentro de nuestro proyecto de aprendizaje y hemos dejado que la duda o el miedo se introdujeran en nosotros, por lo cual nos queda como un aprendizaje pendiente… si, por el contrario, salimos ilesos, es que hemos superado nuestro aprendizaje en ese punto concreto.

Así son las cosas. La Voluntad del Padre siempre se cumple, queramos o no; pero Él no quiere que nosotros suframos por nada.

El sufrimiento lo creamos nosotros mismos a través de nuestras RESISTENCIAS.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias por confirmar aquello que tan intimamente creia y que no me atrevia a decir. El problema es, ¿como pasar del conocimiento(intelecto) a "ser")? ¿que resistencias lo impiden? ¿como ir integrando en nuestra vida la plena CONFIANZA en el Padre-Madre, que nos ama? Marta