DARSE CUENTA

“DARSE CUENTA”: La capacidad de Transformación Interna

“Gira el mundo gira en su espacio infinito,
con amores que comienzan,
con amores que terminan,
de otras gentes como yo…”

Como dice la canción, el mundo gira y gira sin parar, y a todos nos llegan señales que apenas registramos. Desde los cambios más sutiles, casi imperceptibles, hasta las crisis más profundas, y de las cuales salimos con una visión diferente de nosotros mismos, todo en nuestra vida transcurre en ciclos de orden y caos. El Universo entero, tanto por dentro como por fuera, tanto lo pequeño como lo grande, tanto arriba como abajo, vibra y baila en la construcción de un orden para luego dar paso al caos creativo y éste a un nuevo orden. Esto permite la destrucción de lo antiguo para dar paso a lo nuevo, un nuevo orden con mayor grado de evolución…

Ante los ojos del ser humano pasan, como si estuviera dormido, muchas de sus propias transformaciones sin apenas “darse cuenta”, de tal manera que, funcionando como un robot programado previamente, se rige por las tendencias de su entorno cultural. De esta forma actuamos reactivamente como si no pudiéramos cambiar la programación original. ¡…yo soy así!… ¡…así me enseñaron!… ¡¡…así es la vida, qué le vamos a hacer!…

A través del prisma de la resignación, la vida puede ser vivida en actitud aletargada e inconsciente, y así nos sentimos a merced del destino. Bajo esta perspectiva, no podemos creer en nuestro pensamiento creador y cedemos nuestro poder fuera de nosotros: ¡Si mi padre cambiara, mi relación con él sería mejor!… ¡Mi esposo no es capaz de hacerme feliz!… ¡Si mi marido hiciera las cosas de otra manera, nos llevaríamos muy bien!… ¡Los bancos tienen la culpa de que yo esté pasando esta situación tan apurada!… ¡i…

En multitud de casos, todo a nuestro alrededor (educación, entorno sociopolítico, religión, economía, etc.) refuerzan esa situación de inconsciencia, enseñándonos desde la infancia a seguir patrones de conducta (con los mismos contenidos de creencias y normas), que se repiten una y otra vez, sin darnos la oportunidad de elegir, de opinar o de reflexionar sobre lo que significa el hecho de tener integrados estos patrones en nuestra personalidad inconsciente…

De esta manera vamos repitiendo nuestro bagaje cultural de generación en generación “sin darnos cuenta”. El conjunto de nuestras creencias y patrones de conducta se incorporan en nosotros y se manifiestan como una energía que ha quedado impresa en la “memoria celular” genética que transmitimos a nuestros descendientes.

Naturalmente, la cosa no queda sólo ahí, sino que posteriormente, la impronta original es modelada y remodelada por nuestra convivencia con padres, familiares, amigos y vecinos, y por todas las relaciones que tenemos a lo largo de nuestra vida. Y así, ese conjunto de experiencias conforma nuestra personalidad; nuestro “yo”; nuestro “yo inferior” o “ego”, sensible, influenciable y moldeable por toda acción externa.

Podemos alegrarnos de que ya no se escucha aquello que con frecuencia decían padres y maestros hace sólo unas décadas: “la letra con sangre entra”. Sin embargo seguimos creyendo que sólo podemos madurar a base de los golpes que nos da la vida. Es decir, a base de sufrimiento. Y eso no debe ser así por más tiempo. Hemos estado dormidos mucho tiempo y ya es hora de despertar al proceso de “darnos cuenta”, o lo que es lo mismo, “ser conscientes” de todo lo que nos pasa, ya que de lo contrario todo cambio y transformación en nuestras vidas ocurren por la vía del sufrimiento innecesario.

Debemos despertar la capacidad creadora de nuestro pensamiento consciente, que ha estado “anestesiado” durante mucho tiempo, mientras respondíamos al cumplimiento de las obligaciones que nos imponía nuestro entorno. Como consecuencia de lo anterior, hemos perdido el sentido y el propósito de nuestra vida, ya que ni siquiera teníamos tiempo de conectar con nuestra “esencia” más profunda, con nuestra “chispa divina” alojada en nuestro interior.

Sin esta conexión con nuestra “chispa”, no hay posibilidad de prender el fuego y la pasión por la vida, que cursa con una pérdida de sentido y consecuentemente con un considerable aumento de depresión y disminución de autoestima.

Al mismo tiempo, nuestra negatividad atrae como un imán experiencias negativas que confirman nuestras creencias más profundas acerca de que “la vida es un valle de lágrimas” o “lo difícil que es vivir con todo el mundo en contra…”. De esta forma, inconscientemente creamos un drama con múltiples escenas, en las que el miedo dentro de cada uno de nosotros es el protagonista.

¡Basta! ¡Ha llegado el momento de salir de esta situación! ¡Es hora de encontrar y poner en práctica situaciones o circunstancias favorables al Amor y la Sabiduría, eliminando los programas de miedo y sufrimiento! ¡Es hora de vivir la vida plenamente en vez de sufrirla o soportarla!

Es hora de que cada uno de nosotros se plantee y responda a preguntas esenciales:
 ¿Soy realmente lo que quiero ser?
 ¿Hago consciente y responsablemente lo que quiero hacer?
 ¿Doy y recibo lo que quiero dar y recibir?
 ¿Estoy en paz conmigo mismo y con mi entorno?
 ¿Estoy en paz con mis padres y con mis antepasados?

Este es un momento para el Amor y la Comprensión hacia nosotros mismos y hacia los demás. Asumiendo nuestra responsabilidad en todo lo que nos ocurre, podemos comenzar a recorrer el maravilloso Camino de la Vida Consciente, en la que todo adquiere un color atractivo y fascinante que nos ayudará en nuestro crecimiento espiritual.

“Darse cuenta” como el primer paso en nuestro proceso de transformación, requiere de una buena dosis de amor y de humor, de voluntad y respeto, de apertura y tolerancia, de humildad, honestidad y sinceridad, y una profunda actitud de aceptación hacia nuestra propia persona, al tiempo que un ejercicio de comprensión y perdón, ya que en cada momento, cada uno hace lo que puede con lo que sabe y con lo que tiene.

No hay comentarios: